Copyright 2016-2019 Lifeword
Panorama De La Biblia
Panorama De La Biblia – Expiación
Valmori Zelaya
(Centro De Vida)
Duración: 00:20:31 Minutes
Listens:
58
Aired on Jun 09, 2019

Escritura

Levítico 7:37,38; 10:8-11; 16:29,30; 23:1-3

Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda, del sacrificio por el pecado, del sacrificio por la culpa, de las consagraciones y del sacrificio de paz, la cual mandó Jehová a Moisés en el monte de Sinaí, el día que mandó a los hijos de Israel que ofreciesen sus ofrendas a Jehová, en el desierto de Sinaí. Y Jehová habló a Aarón, diciendo: Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés. Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas: Seis días se trabajará, más el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es de Jehová en dondequiera que habitéis.

A Dios sí le importa cómo nos acercamos a Él, y también le importa cómo le adoramos. El libro de Levítico demuestra la importancia de un pueblo apartado y santo. La palabra  «Levítico»  significa  «perteneciente o relativo a los levitas». El libro se dirige a los varones de la tribu de Leví; eran cantores,  porteros  y sacerdotes que servían a Dios en el tabernáculo. El libro de Éxodo nos habla de la construcción del tabernáculo. El libro de Levítico se trata de la adoración en el tabernáculo. El tema del libro de Levítico es la purificación. El versículo clave es Levítico 19:2. Este tema se desarrolla en dos grandes divisiones del libro. Los capítulos 1-10 demuestran que el camino a Dios es a través del sacrificio y un sacerdocio consagrado. Los capítulos 11-27 revelan la manera para vivir una vida santa en cuanto a la pureza del cuerpo  (capítulos 11-15) y del espíritu (capítulos 16-27). Moisés escribió el libro de Levítico.  Se menciona su nombre unas 56 veces en todo el texto. El libro es un registro de la revelación que Dios dio a Moisés en el Monte Sinaí. La fecha de escritura es cerca al año 1445 antes de Cristo, y el lugar es al pie del Monte Sinaí. El libro cubre un período de tiempo de aproximadamente un mes. Históricamente, el libro reporta la revelación de Dios a Moisés mientras él estaba en la montaña por 40 días.  Doctrinalmente, el libro enseña que Dios es santo, el hombre es pecaminoso y el hombre pecaminoso sólo puede acercarse al Dios santo a través de la mediación del sacerdocio y las ofrendas sacrificiales. Cristológicamente, el libro contiene muchos tipos, o símbolos, de Cristo en los sacrificios. Este libro es importante para el entendimiento de la verdad espiritual. Génesis se trata de la caída a causa del pecado. Éxodo se trata de nuestra redención a través de la sangre expiatoria y Levítico se ocupa de nuestra restauración a la comunión y adoración.  En primer lugar, observemos el camino a Dios de acuerdo con lo que expresa Levíticos 1:1—10:20. Levítico revela dos aspectos del acercamiento del hombre a Dios. Llegamos a Dios en primer lugar, por el sacrificio de la sangre y en segundo lugar, llagamos a Dios por la mediación de un sacerdote. Son las doctrinas antiguas del judaísmo; son la revelación de la verdad cristiana. El camino a Dios es el camino del sacrificio de acuerdo con Levítico 1:1—7:38. Cinco sacrificios diferentes se ofrecían a Dios. Los primeros tres eran voluntarios; los próximos dos eran obligatorios. Cada uno testifica del Señor Jesucristo. Cuando una persona estaba en comunión con Dios,  él podría ofrecer cualquiera o todos estos tres sacrificios. La ofrenda del holocausto incluía el quemar todo el cuerpo del animal o ave (Capítulo 1). Simbolizaba un compromiso total a Dios de parte de la persona y prefigura al sacrificio de Jesús en la cruz del calvario.  La ofrenda del grano representaba la pureza era un grano sin levadura y la comunión una parte ofrecida a Dios y una parte de comida era para los sacerdotes. Esta explicación se encuentra en el Capítulo 2. La ofrenda de la paz,  o comunión, testificaba de la comunión con Dios, esto lo encontramos en el capítulo 3. Estas tres clases de ofrendas de paz eran las únicas en las cuales la persona compartía y en las cuales se comía el pan sin levadura de acuerdo con lo que encontramos capítulo 7 :10-18).   Habían dos ofrendas obligatorias.  La ofrenda del pecado (4:1—5:13) era necesaria para recibir el perdón. Sin el derramamiento de la sangre del animal no habría remisión del pecado. La ofrenda de expiación (5:13—6:7) pagaba los pecados contra otros. Requería la restitución a la víctima. Estas ofrendas fueron presentadas cuando una persona no estaba en comunión con Dios. Eran para restaurar aquella comunión a través del perdón de Dios. El Nuevo Testamento abarca este tema y le da cumplimiento. Estos sacrificios nunca podrían expiar los pecados de acuerdo a lo que dice Hebreos 10:1-4. Sólo eran símbolos que figuraban el sacrificio de Jesús, cuya sangre es suficiente para toda persona en todos los tiempos y en todas las edades.  Ofreció Su propia sangre de acuerdo a Hebreos 9:12-14, una vez para siempre para proveer una salvación permanente de acuerdo a lo que dice Hebreos 7:27, 10:10. El camino a Dios es el camino del sacerdocio de acuerdo a Levítico 8:1—10:20. Dios prohibía estrictamente que el ciudadano común ofreciera un sacrificio sobre Su altar. Tal acto hubiera sido blasfemia castigado con la muerte. Dios escogió a Aarón e indicó que sus descendientes serían los sacerdotes de Israel (Números 3:1-10). Eran los únicos que podrían ofrecer los cinco sacrificios al Señor. Los levitas eran los varones de la tribu de Leví, sin embargo, pertenecían a toda la nación.  Dios reclamaba para Él el primogénito del hombre y la bestia, después de la liberación de Israel de la muerte del primogénito en Egipto. Apartó a la tribu de Leví y pedía que la nación lo apoyara económicamente, y les siguiera espiritualmente (Números 8). Se llevaba a cabo una ceremonia muy especial para consagrar a los hombres escogidos para el sacerdocio (Capítulo 8). Se lavaron sus cuerpos.  Se vistieron con los vestimentos especialmente diseñados para ellos. Se les ungieron con el mismo aceite que se utilizaba en el tabernáculo que estaba consagrado a Dios. Se ofrecía un becerro como ofrenda del pecado para la expiación. Se ofrecía un carnero como un holocausto, símbolo de su compromiso total de servir a Dios en calidad de sacerdotes. Aplicaron la sangre del sacrificio al oído derecho, el pulgar de la mano derecha y el dedo grande del pie derecho de cada uno de los hombres. Simbolizaba que escucharían la Palabra de Dios, y caminarían en el camino de Dios. La ceremonia seguía por siete días. Los sacerdotes eran identificados entre el pueblo y hacían un compromiso con Dios. Es un cuadro bello de Jesucristo. Él es nuestro Sumo Sacerdote.  Aunque el ministerio de un sacerdote todavía se requiere para que alguien llegue a Dios, ahora,  llegamos a Dios a través de la presencia misma de nuestro Señor Jesucristo. El ministerio de los sacerdotes era ofrecer sacrificios a Dios de parte del pueblo. Eran los representantes delante de Dios. (El profeta era el representante de Dios para el pueblo.) Dependemos de Jesús, quien se presentó como un sacrificio eterno de parte de nuestro Dios. Dios protegió el oficio de los sacerdotes. Destruyó a Nadab y Abiu cuando ofrecieron fuego extraño  (Levítico 10:1-3), y juzgó a sus sucesores Eleazar e Itamar porque no siguieron los ritos prescritos para los sacerdotes (10:6-8). ¡Qué alivio saber que nuestro gran Sumo Sacerdote,  Jesucristo, es consagrado por Dios y sin pecado de acuerdo a Hebreos 7:26-27!   En segundo lugar, podemos pensar en el camino de la Santidad de acuerdo con lo que encontramos en los capítulos 11:1-27:34. Encontramos la higiene del cuerpo y la santificación del espíritu. La pureza del cuerpo es el tema de los capítulos 11-15. Dios dio unas reglas al pueblo que debían seguir para que pudieran tener comida,  cuerpos, ropa, casas y contactos puros y limpios entre ellos. Algunos de estos requisitos tenían el propósito de impedir la propagación de enfermedades, y otros eran para establecer principios para una vida saludable. El Nuevo Testamento enseña que el cuerpo físico es el templo del Espíritu Santo, por lo que se espera que Dios dé las indicaciones en cuanto a la higiene del cuerpo. La santificación del espíritu es el tema que encontramos desde el capítulo 16-27. Comienza con la limpieza espiritual de la nación en el día solemne de la expiación. Establece el siguiente principio:  «la misma sangre hará expiación de la persona» (Levítico 17:11). Las reglas de Dios para la limpieza del pueblo tuvieron que ver con los pecados sexuales y sociales.  Les llamó a abstenerse de la adoración falsa, el consultar a espíritus, maldecir a los padres y la inmoralidad, porque tal estilo de vida profana la persona delante de Dios. Llamó a Su pueblo a la santificación en la adoración de acuerdo con el capítulo 23. Ellos debían apartar un día a la semana  (el sábado), más las siete ocasiones sagradas cada año: la Fiesta de la Pascua, la Fiesta de los panes sin levadura,  La Fiesta de las primicias,  la Fiesta de pentecostés, el Sonar las trompetas,  el Día de la expiación y la Fiesta de los tabernáculos. Cada ocasión se diseñaba para santificar el gran nombre de nuestro Dios. Hasta algunos años estaban apartados para el Señor (Capítulo 25). Cada séptimo año era un sábado de descanso para la tierra. No se permitía cultivar ni sembrar en el campo durante este año. Cada cincuenta años llegaba el Año de jubileo, cuando todos los esclavos estaban liberados y la tierra se devolvía a su dueño original. Un énfasis especial fue puesto en la conducta santificada  (Capítulo 26). El llamado a la obediencia fue seguido por una advertencia del juicio por si desobedecían y una promesa de bendiciones si obedecían. Dios demandaba la santidad de Su pueblo porque Él es perfecto en su santidad. El libro cierra con una sección sobre los votos. Una parte se trata del pago de los diezmos,  sea lo que sea la fuente del ingreso. «el diezmo de la tierra… de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová» (Levítico 27:30). Así termina el libro de Levítico. Es más que un libro de ritos. Es un libro sagrado de las Santas Escrituras que expone principios para crecer y para obedecer. Y nos comunica algunas descripciones excelentes de la persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo. Cuando estamos en comunión con Dios, entonces llegamos a ser el mejor testimonio de Su amor y de su gracia. El libro de Levítico nos enseña la santidad de Dios y la necesidad de la comunión constante para que podamos dar fruto como Sus hijos. Al repasar el libro, ahora puede usted adorar y tener una mejor comunión más íntima con nuestro Dios.

Otros archivos en esta serie