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Escritura
Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
Hoy en la ruta correcta continuamos con la historia de la alimentación de los cinco mil ¿Alguna vez has pensado que lo que tienes es demasiado pequeño para hacer una diferencia? En las manos de Jesús, lo poco puede convertirse en el comienzo de algo extraordinario. Juan 6:7-9 dice: Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Felipe calculó que ni siquiera una gran cantidad de dinero sería suficiente para alimentar a la multitud. Andrés, por su parte, encontró a un muchacho que tenía cinco panes de cebada y dos peces. Sin embargo, Andrés expresó su duda: ¿Qué es esto para tantos? Los discípulos compararon los recursos disponibles con la magnitud de la necesidad y concluyeron que eran insuficientes. Humanamente, tenían razón. Cinco panes y dos peces no podían alimentar a miles de personas. Pero aquel joven estuvo dispuesto a entregar lo que poseía. Jesús no le pidió al muchacho algo que no tenía. Tomó lo que estaba disponible y lo convirtió en el instrumento del milagro. Con frecuencia despreciamos nuestras capacidades, tiempo, experiencias o recursos porque parecen pequeños. Pensamos que Dios solo utiliza a quienes tienen mucho conocimiento, talento o influencia. Sin embargo, el poder del milagro no estaba en la cantidad de alimentos, sino en las manos que los recibieron. Déjame decirte que lo poco entregado a Jesús, vale más que lo mucho retenido por temor. El joven pudo haber guardado su comida, pensando que no serviría para todos. Pero al entregarla, fue testigo de cómo Jesús hizo con ella mucho más de lo que había imaginado. ¿Qué tienes en tus manos que aún no has entregado a Dios? Tal vez posees una habilidad sencilla, unas pocas horas disponibles, una palabra de ánimo o recursos limitados. No los menosprecies. Jesús puede utilizarlos para bendecir a muchas personas. Deja de decir: “Es demasiado poco”. Entrégaselo al Señor con fe. No eres responsable de producir el milagro; tu responsabilidad es poner a disposición de Jesús aquello que tienes. Cuando entregas lo pequeño, Dios demuestra que su poder es grande.
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