(Centro De Vida)
Escritura
Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. 2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3 En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
¿Alguna vez has sentido que nadie comprende cuánto tiempo llevas luchando? ¿Has visto a otros avanzar mientras tú continúas esperando una respuesta? Aunque las personas no perciban tu dolor, Jesús sabe exactamente dónde estás. En Juan 5:1-15 encontramos la historia del Paralitico de Betesda. Acompáñame a leer Juan 5:1-6 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. 2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3 En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Jesús llegó a Jerusalén y se acercó al estanque de Betesda. Allí había una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban una oportunidad para ser sanados. Entre todas aquellas personas, Jesús vio a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. El Señor conocía su condición y sabía cuánto tiempo había estado sufriendo. Entonces le hizo una pregunta inesperada: ¿Quieres ser sano? Parecía una pregunta obvia, pero Jesús no estaba buscando información. Quería despertar en aquel hombre un deseo que posiblemente se había debilitado después de tantos años de frustración. El paralítico estaba rodeado de personas, pero se sentía solo. Había pasado tantos años mirando el estanque que probablemente había dejado de imaginar una vida diferente. Sin embargo, Jesús lo vio. Cristo no fue indiferente ante su sufrimiento. Se acercó personalmente y habló con él. Antes de cambiar su condición física, confrontó su voluntad. En ocasiones nos acostumbramos tanto a nuestras limitaciones que dejamos de creer que algo puede cambiar. Oramos, pero sin esperanza. Esperamos, pero sin confianza. Jesús nos recuerda que nuestra situación no está fuera de su conocimiento ni de su poder. ¿Qué situaciones de tu vida has dejado de presentar delante de Dios porque llevas demasiado tiempo esperando? No permitas que una dificultad destruya tu fe. Jesús conoce tu historia completa. Él ve las lágrimas que nadie ha visto y entiende el cansancio que no has podido explicar. Hoy, responde con sinceridad a su pregunta: “¿Quieres ser sano?”. Abre nuevamente tu corazón, vuelve a confiar y permite que Cristo despierte tu esperanza. Tu espera ha sido larga, pero el poder de Jesús continúa siendo mayor que tu problema.
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