(Centro De Vida)
Escritura
Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
Continuamos con el relato del del hombre que estaba endemoniado y además era mudo. La historia continúa con un cambio tan repentino como al igual que glorioso. El hombre que llegó mudo y endemoniado sale libre y hablando. Lo que antes era un símbolo de impotencia, ahora se convierte en evidencia visible del poder de Cristo. A acompáñame a leer Mateo 9:33-34 “33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. 34 Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios”. Este pasaje no solo nos muestra la reacción del hombre; también nos revela algo importante sobre quienes observan los milagros de Dios: unos se maravillan, mientras otros endurecen su corazón. La liberación fue inmediata, completa y visible. No hubo duda sobre lo que había sucedido. La multitud, al ver esto, se maravilló y dijo: “Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.” Sin embargo, junto al asombro también apareció la oposición. Los fariseos dijeron: “Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.” Mientras unos reconocían la grandeza de Dios, otros preferían atribuir la obra divina a otra fuente, mostrando la dureza de su corazón. Hay tres cosas de mucha importancia que esta historia nos enseña, no solo a los que somos creyentes en cristo Jesús, sino a todos. Primero; La obra de Jesús produce una transformación evidente. Cuando Cristo libera, el cambio no es superficial. La voz del hombre volvió porque la opresión fue rota desde la raíz. Segundo; No todos reaccionan igual ante el poder de Dios. La misma escena produjo maravilla en unos y rechazo en otros. El milagro reveló no solo el poder de Jesús, sino también el estado del corazón de quienes lo vieron. Tercero; Jesús devuelve más que una capacidad; devuelve dignidad. El hombre no solo habló. Recuperó una parte esencial de su vida, su expresión, su participación y su identidad. ¿Hay algo con lo que tu estas luchando y crees que no hay solución? Deja que Jesús quite todo aquello que ha silenciado tu fe, tu testimonio y tu comunión con Él. Y cuando Él obre, no minimices su poder. Habla de lo que Cristo ha hecho, honra su nombre y permite que tu vida restaurada sea una evidencia viva de que Jesús sigue libertando, transformando y devolviendo la voz a quienes el enemigo quiso callar.
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