Scripture
¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?
El profeta hace dos preguntas interesantes que reflejan la condición del hombre delante de Dios. La primera pregunta dice ¿mudara el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Y la respuesta a esta pregunta es un rotundo no. El color de piel de un habitante de Etiopia es generalmente de color negro y por más que lo intente este nunca podrá cambiar el color de su piel sin dañar su organismo. Lo mismo sucede con el leopardo, Dios coloco unas hermosas manchas en todo su cuerpo, estas le sirven para poder camuflarse mejor en la selva y así cazar mejor a sus presas, sin embargo, en vano trataría el leopardo de cambiar esas manchas, ya que nunca lo lograría. Así como el etíope y el leopardo no pueden cambiar el color de su piel de la misma forma dice Dios “¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” y la respuesta a esta pregunta también es: No. El hombre tiene un concepto equivocado de su propia naturaleza. Muchos piensan que son gente buena y respetable que a veces hacen cosas malas, pero lo cierto es que somos gente mala y pecadora que a veces por la gracia de Dios hacemos cosas buenas. Esta analogía tiene el propósito de enseñarnos que es imposible para el hombre cambiar su naturaleza pecaminosa. Así como al nacer heredamos de nuestros padres rasgos físicos que nos caracterizan, de la misma forma heredamos de nuestro padre Adán una naturaleza inclinada al mal. Esta es la razón por la cual el apóstol Pablo al hacer una radiografía del hombre en el libro de Romanos dijo lo siguiente “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” Bien decía el pastor Spurgeon “Amigo: Si algún hombre piensa mal de ti, no te enojes con él; porque tú eres peor de lo que él piensa que eres. Si te acusa falsamente por algo, estate satisfecho; porque si te conociera mejor podría cambiar la acusación y no saldrías beneficiado por ese cambio. Si pintan un cuadro moral de ti y es feo, estate satisfecho; porque todavía necesitaría unos toques de negro para acercarse más a la realidad.” Muchos hombres intentan cambiar por sus propios esfuerzos y lo único que logran es crear una monstruosidad, ejemplo de ello tenemos a los escribas y Fariseos, quienes intentaron cambiar por medio de su religión, sin embargo, a la hora de la evaluación hecha por Cristo él dijo de ellos que no eran nada más que sepulcros blanqueados, por fuera se mostraban hermosos, pero por dentro estaban llenos de inmundicia. ¿puede el hombre hacer el bien estando habituado a hacer el mal? La respuesta es un rotundo no. Sin embargo, que opinan de esta otra pregunta ¿puede Dios hacer que el hombre haga el bien estando habituado a hacer el mal? Y la respuesta es un rotundo sí. Dios puede hacerlo. Lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Y esta transformación la realiza por medio de Cristo y su Espíritu Santo es nosotros. Su palabra dice “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” Cuando uno rinde su vida en arrepentimiento y fe, se produce una trasformación tremenda en la vida del hombre, el Espíritu Santo viene a morar en la vida del creyente y con su ayuda podemos manifestar el fruto que ella produce. De pronto comenzamos a odiar el pecado que antes amábamos y comenzamos a amar la justicia que antes despreciábamos. El hacer lo correcto cada día no será una tarea fácil, recuerden que tenemos una doble naturaleza, la naturaleza pecaminosa y la naturaleza espiritual, es nuestro deber hacer que la naturaleza pecaminosa, se someta a la naturaleza espiritual, esto lo lograremos por medio de alimentar nuestro espíritu cada día con su palabra, la oración, el compañerismo, el testimonio. Dios los bendiga. Corpus Unum.
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