(Centro De Vida)
Escritura
Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, 44 se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.
¿Alguna vez has sentido que tu problema dura demasiado? ¿Te has preguntado, podrá Dios hacer algo en una situación que parece no tener solución? Hoy quiero compartir una historia que no es desconocida para un cristiano. Acompáñenme a leer Lucas 8:43-44. Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, 44 se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. La historia de esta mujer comienza en un lugar de profunda desesperación. Durante doce años esta mujer había vivido atrapada en una enfermedad constante. No solo sufría físicamente, sino que también cargaba con un peso social y espiritual enorme. Según la ley judía, su condición la hacía ceremonialmente impura. Como lo expresa Levítico 15:25-27. Esto significaba que no podía participar plenamente en la vida religiosa ni social. Todo lo que tocaba quedaba impuro y Probablemente eso le había llevado a vivir aislada, avergonzada y rechazada por más de una década. Lucas añade un detalle impresionante: dice que había gastado todo lo que tenía en médicos, pero ninguno había podido sanarla. Doce años de intentos fallidos pueden desgastar la esperanza de cualquiera. Pero un día escuchó que Jesús estaba pasando por allí. La multitud rodeaba a Jesús mientras caminaba hacia la casa de Jairo. Entre ese grupo de personas se encontraba esta mujer. No quería llamar la atención ni interrumpir. Con determinación se acercó por detrás y tocó el borde de su manto. En ese mismo instante, la Escritura dice que la hemorragia se detuvo. El milagro había ocurrido en silencio. Este momento revela varias verdades importantes: Primero; La fe puede nacer en medio del cansancio y la frustración. A pesar de doce años de sufrimiento, esta mujer todavía creía que Jesús podía cambiar su historia. Segundo; Jesús responde a una fe sencilla. No pronunció un discurso ni hizo una oración pública. Su fe se expresó en un gesto humilde: tocar el manto de Jesús. Tercero; La esperanza se renueva cuando nos acercamos a Jesús. Lo que los médicos no pudieron hacer en doce años, Jesús lo hizo en un instante. No permitas que el cansancio, la mala experiencia apaguen tu fe. Tal vez llevas mucho tiempo esperando un cambio, pero hoy es un buen momento para acercarte nuevamente a Jesús. Da ese paso de fe, aunque parezca pequeño. Un solo toque de fe en Cristo puede iniciar una transformación que cambiará tu historia.
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