(Centro De Vida)
Escritura
Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista.
Cuando la evidencia es demasiado clara para ser negada, la incredulidad no se rinde; simplemente cambia de estrategia. Los líderes religiosos ya no pueden refutar que el hombre ahora ve, así que intentan desacreditar el milagro desde su origen. Si logran negar que alguna vez fue ciego, entonces pueden evitar reconocer el poder de Cristo. La incredulidad siempre prefiere fabricar excusas antes que humillarse en arrepentimiento y fe. Juan 9:18 declara: “Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista.” El problema ya no es la falta de pruebas, sino la resistencia del corazón. El testimonio del hombre es firme, su transformación es visible, y aun así deciden investigar su pasado, llamando a sus padres como si la verdad pudiera ser anulada con más interrogatorios. La evidencia es clara, pero el corazón endurecido no quiere rendirse a ella. Este pasaje revela una verdad espiritual profunda: el pecado no solo ciega los ojos espirituales, también endurece el corazón. La incredulidad no es simplemente ignorancia, sino un rechazo voluntario de la verdad revelada. La Escritura enseña que el ser humano es responsable de su respuesta a la luz que Dios le da. Cuando la verdad confronta el orgullo, muchos prefieren negar la realidad antes que admitir su necesidad de Salvación. Dios se había revelado claramente a través de Jesucristo, pero estos líderes se negaron a aceptar lo que estaba delante de ellos. La verdad no fue insuficiente; fue incómoda. Reconocer el milagro implicaba reconocer a Jesús como enviado de Dios, y eso significaba perder control, prestigio y autoridad religiosa. Este devocional nos llama a una seria advertencia: cuidado con resistir la verdad por orgullo espiritual. Dios no se revela solo para informarnos, sino para transformarnos. Cada vez que Dios habla claramente a través de Su Palabra, somos responsables de obedecer. No postergues la obediencia esperando más pruebas cuando Dios ya ha hablado. La incredulidad prolongada no endurece menos el corazón; lo endurece más. Hoy es el día para rendirse a la verdad y permitir que Cristo gobierne completamente nuestra vida.
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