(Centro De Vida)
Escritura
Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy.
Hoy, vamos a hacer un pequeño paréntesis de unas cuantas semanas, y después continuaremos con la serie los milagros de Jesús. Voy a compartir con cada una seré de Devocionales que he titulado “Interrogado, Pero Transformado”. Gracias por ver y escuchar la ruta correcta a través de Lifeword en español. Dios obra de manera poderosa en la vida de un hombre que había vivido toda su vida en tinieblas. Aquel que nació ciego ahora ve, no solo físicamente, sino espiritualmente. Sin embargo, los primeros en reaccionar no son los líderes religiosos, sino sus propios vecinos, las personas que lo habían visto mendigar por años. En lugar de gozo y adoración, surge la duda. El milagro es evidente, pero el cambio incomoda. Cuando Dios obra de manera real y soberana, no siempre produce celebración inmediata; muchas veces produce confusión, cuestionamientos y resistencia. Juan 9:8–9 nos dice: “Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy.” Los vecinos no discuten si el hombre ve; lo que cuestionan es su identidad. El cambio fue tan radical que parecía increíble. El mismo hombre, el mismo rostro, pero una vida completamente distinta. Para muchos, era más fácil aceptar un milagro externo que una transformación personal tan profunda. Esto revela una realidad del corazón humano: nuestra naturaleza caída tiende a desconfiar de la obra de Dios, especialmente cuando rompe esquemas, tradiciones o expectativas. El pecado endurece el corazón y lo vuelve incrédulo, aun frente a evidencias claras. La salvación bíblica no solo asegura un destino eterno, sino que produce una transformación visible en el presente. Como afirma “2 Corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. No se trata de perfección, sino de una dirección distinta. No te sorprendas si otros dudan de tu cambio cuando Cristo transforma tu vida. Algunos te seguirán viendo con los lentes de tu pasado. Otros dirán: “se parece, pero no es el mismo”. Mantente firme. Tu identidad ya no está definida por lo que fuiste, sino por lo que Cristo ha hecho en ti. Dios no necesita la aprobación humana para confirmar Su obra. Permanece fiel, vive tu testimonio, y deja que el fruto de una vida transformada glorifique a Dios.

