(Centro De Vida)
Escritura
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…
Si el primer viaje nos lleva a la eternidad, este nos conduce a la historia. Mas de dos mil años atrás, en una aldea humilde, el Verbo eterno se hizo carne. No fue un cuento ni una metáfora: fue Dios mismo haciéndose hombre. Este milagro es el corazón de la Navidad. No hay mayor demostración de amor que el Creador vestido de humanidad para acercarse a su creación. Juan 1:14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” Isaías 7:14). ya lo había profetizado 700 años antes cuando dijo: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel, Dios con nosotros”. En el momento exacto “al cumplirse el tiempo” como lo dice Gálatas 4:4, Dios ejecutó su plan. El Hijo eterno se despojó de su gloria dejando su trono por un pesebre. Veamos lo que dice Filipenses 2:5-8 dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. El Hijo de Dios no vino con esplendor ni poder terrenal, sino en humildad, identificándose con los más débiles. Su encarnación fue necesaria porque solo un ser humano perfecto podía representar a la humanidad caída. En Belén comenzó el camino hacia el Calvario. No podía haber cruz sin Navidad. Cristo, siendo Dios, se hizo hombre para vivir nuestras experiencias, sentir nuestras emociones y resistir nuestras tentaciones Como lo expresa el escritor de Hebreos 4:15. Fue tentado en todo, pero sin pecado. Caminó entre nosotros, no como un espectador, sino como un Salvador dispuesto a cargar con nuestras rebeliones. Isaías 53:3-5 lo describe con claridad: “Despreciado y desechado entre los hombres… herido por nuestras rebeliones… por su llaga fuimos curados” Navidad significa que Dios decidió involucrarse personalmente en tu historia. Él no envió un mensajero, vino Él mismo. ¿Puedes imaginar tal amor? Que esta Navidad no solo contemples al Niño, sino al Salvador que vino a morir por ti. La cuna y la cruz están unidas por el mismo propósito: redimirte.
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