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Marcas De Un Hogar Cristiano
Marcas De Un Hogar Cristiano - Parte 3
Pastor - Ricardo Robinson
(Centro De Vida)
Aired on Aug 18, 2021
Aug 15, 2021
Duration:
00:14:33 Minutes
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Scripture

2 Timoteo 1:5; 2 Timoteo 3:15; Proverbios 10:1; Proverbios 23:24-25; Hechos 2:39.

trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 2 Timoteo 1:5 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 2 Timoteo 3:15 Los proverbios de Salomón. El hijo sabio alegra al padre, Pero el hijo necio es tristeza de su madre. Proverbios 10:1

Los padres de familia tienen una influencia más allá de su imaginación. La influencia que tienen es más durante los años de desarrollo. Su influencia continuará durante los años de la juventud de sus hijos y va a seguir influyendo en sus vidas durante sus años de adulto. Aún después de la muerte de los padres, su influencia sigue en la vida de sus hijos y de sus nietos. Dos autores escribieron las siguientes palabras: “Fe de nuestros padres viviendo aún, en contra de prisiones, fuegos y espadas. Cómo late nuestro corazón cuando oímos la gloriosa palabra. Fe de nuestros padres, santa fe, seremos fieles a esa fe hasta la muerte. Fe de las madres viviendo aún, en canto y oración. En la cuna con dulce amor siento tu presencia conmigo. Fe de nuestras madres, viviente fe, nosotros te seremos fiel hasta la muerte”.   Una maestra en una clase bíblica enseñaba a sus alumnos que Dios es quien hace que las personas hagan el bien. Un niño que seguramente vino de un hogar lleno de amor, dijo: “Es verdad, pero la madre le ayuda bastante”. En las escrituras del Nuevo Testamento nos encontramos con dos mujeres nobles, cuya fe tuvo una gran influencia en la vida de un gran personaje bíblico como lo es el joven Timoteo. Timoteo era hombre de gran valor y fe ¿Cómo llegó a ser lo que era? Tenemos que ver sus antecedentes. 2 Timoteo 1:5 nos dice: “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”. En este versículo tenemos el ejemplo de una abuelita, quien pasó su fe a su hija y luego, las dos pasaron su fe a Timoteo. Timoteo llegó a ser compañero misionero del apóstol Pablo, fue fiel al Señor durante todo su ministerio; podemos acreditar parte de ese ministerio a las dos señoras, su madre y su abuela, quienes le criaron bien en las cosas del Señor durante los días de su niñez. Esto es algo que podemos pasar a nuestros familiares: Podemos pasarles nuestra fe por medio de darles un buen ejemplo. Consideremos por unos momentos el ejemplo de la madre de Timoteo: Aparentemente ella era judía y el padre de Timoteo era griego. Timoteo fue criado en Listra, un pueblo en el centro de una nación que ahora conocemos como Turquía. Esta ciudad estaba lejos de Jerusalén donde estaba el templo de Dios. La Biblia no hace referencia en cuanto a la fe del padre de Timoteo, pero sí habla bien de la fe de su madre. Llegamos a la conclusión de que el padre de Timoteo era incrédulo. Lo que su padre no le dio en cuanto a instrucciones espirituales, su madre tuvo que suplir. 2 Timoteo 3:15 nos habla de Timoteo diciendo: “Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. Creo que podemos imaginarnos el escenario en ese hogar. Tenemos un padre que no está interesado en la religión bíblica; tenemos una madre cuya fe es pura y preciosa, su fe está puesta en el Dios de la Biblia; mientras que el padre se mantiene interesado en las cosas materiales, la madre enseña fielmente a su hijo las cosas que se encuentran en las Escrituras. El niño aprende la historia de la creación, el diluvio, la salida de Israel de Egipto, los ministerio y mensajes de los profetas, de cómo Daniel fue librado del foso de leones y muchas de las historias que nosotros hemos leído. La madre nunca dejó que se apartara de esas enseñanzas. ¿Es posible que la fe de Timoteo haya sido retada por la incredulidad de su padre? En realidad, no lo sabemos; pero sí sabemos que Eunice, su madre, hizo un buen trabajo en sembrar verdades bíblicas en la vida de su hijo, de tal manera que nunca llegó a un punto de negar lo que había aprendido. El niño que tiene padres quienes buscan la voluntad de Dios tiene una gran ventaja. Ellos le enseñan a vivir correctamente, ellos corrigen sus errores y le enseñan a no cometer la misma equivocación otra vez, le enseñan como orar y como poner su confianza en Dios; ellos plantan en él, principios que le fortalecerán en tiempos difíciles. El niño sabio respetará a tales padres, no rebelará en contra de sus instrucciones, no rechazará sus principios, les respetará, les obedecerá y seguirá el ejemplo que ellos le dan. Por eso es que decimos que el niño que tiene padres quienes confían en Dios es grandemente bendecido. Los padres reciben una bendición cuando sus hijos crecen en los caminos del Señor y llegan a ser personas ejemplares. Proverbios 10:1 dice: “El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre”. Proverbios 23:24-25 dice: “Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él. Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te dio a luz”. Esto es parte de la recompensa que Dios da al buen padre. Como ministro del Evangelio, yo he tenido que aconsejar a varios padres quienes estaban totalmente desanimados con las actitudes de sus hijos. Muchas veces los mismos padres habían creado su propio problema por no disciplinar a sus hijos, no les habían enseñado a vivir correctamente; los hijos simplemente estaban viviendo de la manera que les había sido enseñada. A veces el hijo se estaba poniendo rebelde a la forma en que le habían criado. No importa cuál fuera el caso, siempre traía gran dolor a la vida de los padres. Es esencial que los padres entrenen bien a sus hijos. Es esencial que aprendan a reconocer a Dios y serle obediente; es lo mejor para el hijo y, al mismo tiempo, ahorra al padre el tener que sufrir gran dolor después que el hijo haya crecido. El padre de un hijo que se somete a la voluntad de Dios debe ser un padre que se somete a la voluntad de Dios. La fe se pasa de generación en generación. En el caso de Timoteo, pasó de la abuela a la madre y después, al hijo. Como padres, debemos ser lo que queremos que nuestros hijos sean; nuestro ejemplo será mejor maestro que lo que decimos. El padre de un hijo que se somete a la voluntad de Dios debe ser un padre que se somete a la voluntad de Dios. Debemos esperar bendiciones por fidelidad en la buena enseñanza que damos a nuestros hijos. Eunice, aún sin la ayuda de su marido, enseñó a su hijo las cosas de Dios y vemos la recompensa por el ministerio de su amor. Timoteo llegó a ser un joven sumamente respetado y recomendado por la sociedad en que vivía. Fue recomendado para ser compañero de viajes del apóstol Pablo, el misionero más grande que la fe cristiana ha conocido. En los años que siguieron, Timoteo mostró ser fiel siervo del Señor; fue enviado en algunos viajes como representante de Pablo, fue el recipiente de dos cartas escritas por el apóstol y que llevan su nombre en la Biblia. Su nombre es honrado por toda la historia cristiana por ser un verdadero hombre de Dios. Si pudiéramos entrevistar a Eunice para ver si había valido la pena la enseñanza que ella le había dado a Timoteo, estoy seguro de que diría: “Sí, valió la pena y lo haría nuevamente si me fuera dada la oportunidad”. Ella seguramente nos animaría en criar a nuestros hijos de la misma manera. Nuestro hogar puede ser un hogar espiritual. Debemos permitir que la fe de Dios llene nuestras propias vidas y ser gobernados por el Espíritu de Él. Es entonces que podremos compartir nuestra fe con nuestro cónyuge y con los hijos que Dios nos ha dado. Podemos pasar nuestra fe a nuestros hijos. Hechos 2:39 dice: “ Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Vamos a orar: Padre, nuestra petición hoy es que hagas de nosotros padres de verdad. Nosotros necesitamos vivir una vida ejemplar para nuestros hijos por el bien espiritual de ellos y de nuestras familias. En esto también podemos ser ejemplo para otros padres. Necesitamos tu ayuda porque, sin Ti, estamos completamente perdidos. Ayúdanos porque te lo pedimos en el precioso nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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