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Seguridad Eterna Del Creyente
Seguridad Eterna Parte II
Pastor - Ricardo Robinson
(Centro De Vida)
Aired on مئی 18, 2021
مئی 17, 2021
Duration:
00:14:30 Minutes
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Scripture

Juan 3:3; Juan 3:6; Gálatas 3:26; Juan 8:44; Hebreos 12:6 y 7; Juan 10:28; Juan 3:15 y 16; Juan 3; Juan 3:18

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Juan 3:3 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. Juan 3:6 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; Gálatas 3:26

La Asociación Bautista Misionera de América, quien patrocina este programa radial, afirma en sus declaraciones doctrinales, que las iglesias que componen dicha asociación, creen en la seguridad eterna del creyente. Podríamos repetir esta declaración de la siguiente manera, nosotros creemos que cuando una persona es salva, es salva con una salvación eterna y siendo una salvación eterna, no puede ser perdida ni terminada. Entremos a nuestro estudio. Jesús habla de la salvación como una relación y no como un compañerismo privilegiado. En Juan 3:3, Jesús nos dice, “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. En el versículo 6 del mismo capítulo, Él compara el nacimiento natural con el espiritual diciendo, “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Jesús sigue esta declaración comparativa con las palabras, “os es necesario nacer de nuevo”. Considerando esta analogía entre el nacimiento natural o físico, y el nacimiento espiritual, debemos tomar varias verdades en consideración. Un nacimiento, sea físico o espiritual, tiene que ver con una relación. Cuando un niño nace, tiene por virtud de su nacimiento, un padre y el padre tiene un hijo; esa relación es establecida para siempre. Un niño puede nacer a un padre, pero no puede ser desnacido, el padre de ese niño no puede hacer nada para que el niño no sea suyo, es una relación establecida. De igual manera, no hay nada que el niño puede hacer para que su padre ya no sea su padre, es una relación establecida. Sin embargo, lo que es cierto de una relación, no es verdad en cuanto a compañerismo. Un hijo puede romper o quebrar el compañerismo con su padre; también puede restaurar este compañerismo. Estas verdades son evidentes en el reino espiritual. Cuando una persona nace de nuevo, nace del Espíritu, salvo por la gracia de Dios, se encuentra metido en una nueva relación. En ese momento de recibir a Cristo, se convierte en hijo de Dios. Dios tiene un hijo, y ese hijo tiene un padre. Pablo dice en Gálatas 3:26, “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”. En contraste a esta declaración, Jesús acusó a algunos de tener al diablo por padre en Juan 8:44. El hijo de Dios puede perjudicar el compañerismo entre él y su padre, pero la relación permanece igual, padre e hijo. De hecho, cuando el hijo de Dios recibe castigo de parte de Dios, por sus malas acciones, Dios está tratando con él de la misma manera, que un padre trataría a un hijo. Notemos lo que nos dice Hebreos 12:6 y 7, “Porque el Señor al que ama, disciplina y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos”. Observemos que Jesús dice que sus ovejas nunca perecerán; para mí la palabra nunca significa “en ningún tiempo”, “jamás”, o “ninguna vez”. Jesús usó la palabra “jamás” en Juan 10:28 cuando prometió “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás”, leamos el pasaje otra vez entremetiendo el significado de la palabra “jamás”, “y yo les doy vida eterna y no perecerán nunca, en ninguna ocasión, en ningún tiempo”, He presentado esta declaración de Jesús en primer lugar, porque entiendo que nos presenta una interpretación de otras declaraciones sobre este tema. Consideremos lo que nos dice Juan 3:15 y 16, Jesús dice, “para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. En este caso, Jesús usa la expresión “no se pierda”. Jesús dice que no se perderá, sino que tendrá vida eterna. El contexto del capítulo 3 de Juan, nos indica que Jesús quería demostrarnos o enseñarnos, el peligro de la incredulidad y la bendición de creer. El versículo 18 del capítulo 3 nos dice, “El que cree en el Hijo no es condenado; pero el que no ha creído, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. La enseñanza de Jesús es esta, el creyente nunca perecerá, pero el que rehúsa a creer, morirá eternamente. La enseñanza de Jesús en cuanto a la seguridad del creyente es que su seguridad está en las manos de Dios y no en las manos del hombre. En primer lugar, el creyente está seguro del hecho de que Jesucristo le da vida eterna. Afirmo, que, si Jesús no quería decir que la vida que Él daba al creyente era eterna, entonces sus palabras son engañadoras. Sin embargo, yo sé que Jesús no miente y que dijo exactamente lo que quiso decir, la vida que Él da, nunca termina, es para siempre. Además, la doctrina de seguridad está en las palabras de Jesús cuando dijo, “y nadie las puede arrebatar de mi mano”. Notemos el bosquejo de Jesús en cuanto a la seguridad del creyente. En primer lugar, Él da vida eterna a sus ovejas; en segundo lugar, Él declara solemnemente que jamás perecerán y, en tercer lugar, Él afirma que nadie puede arrebatar a los suyos de su mano. Notemos por estas palabras que cada creyente, se encuentra en la mano de Jesús. Para que no existiera ninguna duda sobre el asunto, Jesús finaliza diciendo, “mi Padre, que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y mi Padre, uno somos”. El creyente está a salvo y seguro, pues está en las manos de Jesús, y por si esto no les satisface, está en las manos del Padre, en vista de que nadie es mayor que el Padre, nadie podrá sacarle de esa seguridad. Mi amigo, si tú no puedes sentir seguridad con esto, tú nunca vas a sentir seguridad. Para concluir este estudio, notemos el hecho que Jesús nunca se refirió a la habilidad del hombre, para asegurar a las ovejas. Llego con esto a la conclusión de que la seguridad del creyente está en las manos de Jesús totalmente. ¿Eres tú uno de los suyos? Él quiere que lo seas, arrepiéntete de tus pecados y confía en Él, Él te perdonará y te salvará para siempre, hazlo ya. Vamos a orar. Padre, te doy gracias porque sé que estoy en tus manos, reconozco que no me pude salvar y también reconozco que, sin ti, estaría yo perdido. Te doy gracias por no salvarme para luego abandonarme, yo sé que a veces rompo la comunicación entre nosotros, pero te agradezco por el hecho de ser tu hijo. Ayúdame a ser un hijo que traerá honra y gloria a tu nombre. En el nombre de mi Señor Jesús te lo suplico, Amén.

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