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Seguridad Eterna Del Creyente
Seguridad Eterna Parte IV
Pastor - Ricardo Robinson
(Centro De Vida)
Aired on مه 20, 2021
مه 17, 2021
Duration:
00:14:30 Minutes
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Scripture

Romanos 5:6; Efesios 2:8; Efesios 3:11; 1 Juan 5:13; Hebreos 5:9; Hebreos 9:12; Hebreos 9:15; 1 Pedro 5:10; Juan 6; Juan 6:38-40; Juan 6:39; Juan 6:40, 44 y 54; Hebreos 9:14 y 15; Juan 6:37-40

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Romanos 5:6 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; Efesios 2:8 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, Efesios 3:11

Yo no soy digno, tú no eres digno, ¿Dignos de qué? Pues dignos de ser hijos de Dios. Tal vez seamos dignos según la evaluación del hombre, pero es otra la historia a la luz de la evaluación de Dios. La enseñanza bíblica sobre el asunto es que todos somos perversos delante de los ojos de Dios y todas nuestras obras de justicia, son como trapos de inmundicia. Somos por naturaleza, hijos de ira. No está en nosotros el dirigir nuestros pasos de hecho, ante los ojos de Dios estamos muertos en nuestros pecados. Aun en nuestro mejor estado, somos vanidosos. Aunque nos seamos dignos, hay esperanza para nosotros. Nuestras fallas magnifican la gracia de Dios porque al ser indignos, entre la gracia para ser una bendición para nosotros. La gracia es el favor no merecido de Dios al hombre. Este favor no merecido, enviado de Dios al hombre, es visto en el hecho de que Jesús murió por los injustos. Romanos 5:6 nos dice, “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”, por gracia somos salvos. Efesios 2:8 nos dice, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”. Al ser salvo, eres salvo aun siendo indigno, aun sin merecerlo. Además de eso, la misma gracia que te salvó, te mantiene salvo. No somos salvos por merecer la salvación, ni somos bendecidos con la vida eterna en salvación porque lo merecemos. La salvación, mi amigo, es algo que incluye seguridad eterna, porque somos salvos con una salvación eterna. De hecho, Dios usa la palabra “eterna”, una y otra vez, al hablar de diferentes aspectos de nuestra salvación. Efesios 3:11 nos habla del propósito eterno de Dios, en proponer a Jesucristo como nuestro Señor. 1 Juan 5:13 nos habla del hecho que el creyente puede saber que tiene vida eterna; Hebreos 5:9 nos habla de la eterna salvación del creyente; Hebreos 9:12 nos habla de que Jesús entró una sola vez al lugar santísimo, habiendo tenido para nosotros la redención eterna. Hebreos 9:15 nos asegura de una herencia eterna y 1 Pedro 5:10 nos recuerda que el creyente está llamado a una gloria eterna. Con estos pensamientos en mente, consideremos un poco más este asunto de la seguridad eterna del creyente. Ya he declarado que Jesús fue el maestro más grande de esta doctrina. El enseñó una y otra vez, que Él daba vida eterna a todos los que en Él creían. Él prometió que sus ovejas nunca perecerían, y acertó que nadie las podría arrebatar de su mano. En el capítulo 6 de Juan, encontramos que Jesús nos habla de la voluntad de su padre en cuanto a la seguridad del creyente, escucha estas palabras “todo lo que Padre me da, vendrá a mí y el que a mí viene, no le echo fuera”, Explícitamente, Jesús promete que Él no echará fuera a los que a Él vienen. En los versículos que siguen, Él nos da razones por las cuales Él hizo tal promesa. En Juan 6:38-40 leemos, “Porque he descendido del cielo, no para hacer mí voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que vea al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. ¿Qué dijo entonces Jesús en cuanto a lo que era la voluntad de su Padre? Él dijo que la voluntad del Padre era que todos los que habían venido a Él no se perdieran, ni siquiera uno. Existe otra declaración de Jesús en este capítulo, indicando que aquellos quienes creen en Cristo, son guardados por la eternidad. En el versículo 39, Él expresa el hecho de que la voluntad de Dios es que ninguno de los que le han sido dados se pierda, sino que Él los resucitará en el día postrero. Este resucitar nos habla de la resurrección de los muertos en Cristo, los salvos. En este versículo, Él dice que Él debe resucitarles, sin embargo, en los versículos 40, 44 y 54, notamos un cambio en su forma de hablar; en vez de decir que los debía levantar, Jesús promete que Él los levantará. El versículo 40 nos dice, “y yo le resucitaré en el día postrero”; el versículo 44 nos dice, “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”. En el versículo 54 leemos, “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. En resumen, repasemos esas verdades: El hombre, ni es salvo, ni mantiene su salvación por ser digno, sino por la gracia y el poder de Dios. Jesucristo es el autor de la eterna salvación, según Hebreos 5:9. Jesucristo obtuvo redención eterna para el creyente, según Hebreos 9:12. El creyente puede conocer que tiene vida eterna, según 1 Juan 5:13. El creyente tiene la seguridad de ser un heredero eterno, a causa del sacrificio que Jesús hizo por él, según Hebreos 9:14 y 15. El creyente es llamado a la gloria eterna, según 1 Pedro 5:10. Es la voluntad del Padre, que Jesús no pierda ni uno de los que el Padre le dio, según Juan 6:37-40. Jesús hizo una promesa solemne de no echar fuera, a ninguno que a Él viniere, Juan 6:37. Jesús también prometió resucitar en el día postrero, a todos los creyentes. Para terminar, leo nuevamente Juan 6:40, “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. Mi amigo, Dios es eterno, un Dios eterno te ofrece vida eterna. Esta vida eterna puede ser tuya si te arrepientes de todos tus pecados y confías en Cristo Jesús, pidiéndole su eterna salvación. Hazlo en este momento mientras oramos. Padre, yo te doy gracias por la salvación que tú me has dado a mí, y te doy gracias por tu poder que se me manifiesta a mí cada día. Te pido en estos momentos, que mis amigos puedan estar arrepentidos de sus pecados y pidiéndote perdón, ayúdales mi Señor. Espero que ellos puedan creer con todo el corazón, que Jesús murió por ellos y que le puedan pedir que entre a sus corazones, dándoles la vida eterna que sólo tú puedes darles, gracias Señor. Te doy las gracias en el nombre de Jesús, Amén.

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