(Centro De Vida)
Scripture
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se glorĆe. Efesios 2:8 y 9 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiĆ©ramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el EspĆritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que justificados por su gracia, viniĆ©semos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Tito 3:4-7
Existen dos conceptos grandes en las Escrituras, en referencia al hombre y su relación con Dios. Uno de los conceptos es que Dios nos salva del pecado. El segundo concepto es que somos salvos, para servir a Dios. Muchas personas mal entienden estas dos verdades bĆblicas. Por esa razón yo quiero que estudies conmigo, con el fin de aclarar un poco este asunto de salvación y servicio. Lo primero que debemos aclarar es esto: no somos salvos por el servicio que damos a Dios. Me sorprende saber cuĆ”ntas personas piensan que la salvación se determina, despuĆ©s de que fallecemos, y que se basa sobre el servicio que hemos brindado a Dios. Ellos nos presentan un cuadro de una balanza. Todas nuestras obras buenas se ponen a un lado, y todas las malas al otro lado; el lado que pesa mĆ”s, segĆŗn ellos, es el que determina si somos salvos o no. Pero esto no es lo que la Biblia dice concerniente a la salvación y servicio. El decir que la persona es salva por el servicio que ha rendido a Dios, es hacer que la salvación sea asunto de las obras del hombre, y no asunto de la gracia de Dios; y esto es rechazado totalmente, en la Sagradas Escrituras. La salvación es por gracia y fe. Efesios 2:8 y 9 nos dice: āPorque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorĆeā. El versĆculo enseƱa que somos salvos por gracia. Esto simplemente significa que no somos salvos por algo que nosotros merecemos recibir. De hecho, la gracia es, Dios haciĆ©ndonos el bien, cuando nosotros merecemos todo lo contrario. Ćl nos justifica cuando merecemos condenación; Ćl nos recibe cuando merecemos ser rechazados por Ćl. Es Dios aceptĆ”ndonos, aun estando nosotros sucios y en nuestros pecados, y no por nuestras buenas obras o servicios que le rendimos. El versĆculo nos enseƱa que somos salvos por fe. Alguien ha dicho que, fe es extender la mano vacĆa para recibir las bendiciones de Dios. Fe es confiar en Dios; es confiar Ćŗnicamente en Ćl; es quitar nuestra confianza de cualquier otra persona o cosa, y ponerla en Dios, quien se ha revelado en la persona de Cristo JesĆŗs. La salvación es gratis. La salvación es un regalo de Dios, es un don. Y no es algo que el hombre puede comprar. El versĆculo que leĆmos hace poco dice: āY esto no de vosotros, pues es don de Diosā. Si pudiĆ©ramos obtener la salvación a base de lo que hemos hecho por medio de buenas obras, la salvación entonces serĆa algo que adquirirĆamos por nuestros propios esfuerzos. Pero si la salvación es un regalo de Dios, entonces es algo que recibimos gratuitamente. Si la salvación se puede comprar, o puede ser adquirido por obras, entonces ya no es un regalo. Para que la salvación pueda ser un regalo, tiene que ser totalmente gratis. La salvación es el regalo de Dios, y no lo podemos obtener por medio buenas obras, ni por medio de nuestras buenas intenciones. La salvación no es por obras. No sĆ© cómo decirlo mĆ”s claro. OjalĆ” puedas aceptar esta clara declaración de la Palabra de Dios, y gozarte en ello, porque nosotros no debemos rebajar el precio de la salvación, por medio de mentir, diciendo que el hombre lo puede conseguir a base de sus propios esfuerzos. Escuchemos lo que nos dice el versĆculo, una vez mĆ”s: āPorque por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se glorĆeā. Esta bendita doctrina de la salvación por medio de la gracia de Dios es proclamada a travĆ©s de toda la Biblia. Vamos al libro de Tito, capĆtulo 3, y leamos los versĆculos 4 al 7. Tito 3:4-7 dice: āPero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiĆ©ramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el EspĆritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniĆ©semos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eternaā. ĀæQuĆ© es lo que nos enseƱa este pasaje en referencia a la salvación? En primer lugar, nos enseƱa que la salvación se basa sobre la bondad y amor de Dios, nuestro Salvador. En segundo lugar, nos enseƱa que la salvación no es por obras de justicia que nosotros hubiĆ©ramos hecho. En tercer lugar, nos enseƱa que la salvación es a causa de su misericordia. En cuarto lugar, nos enseƱa que la salvación viene por el lavamiento de la regeneración, y por la renovación en el EspĆritu Santo. Y, en quinto lugar, nos enseƱa que la salvación viene por Jesucristo, nuestro Salvador. En sexto lugar, nos enseƱa que la salvación significa que somos justificados por su gracia. Y en Ćŗltimo lugar, nos enseƱa que la salvación nos hace herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Quiero que sepas que la salvación es a causa de la misericordia de Dios. En la cita que terminamos de leer, vimos que la salvación no es por obras de justicia que nosotros hubiĆ©remos hecho. La salvación viene de acuerdo a la misericordia de Dios. ĀæCómo podrĆamos expresarlo con mĆ”s claridad? No es por lo que nosotros merecemos sino, por la misericordia que Dios tiene para con nosotros. En vista de nuestra debilidad, en vista de que no podemos con el pecado, es que Dios nos tiene misericordia. Dios nos ama y en misericordia nos ayuda. Dios nos ha visto en nuestra dĆ©bil situación y ha extendido su mano en misericordia para ayudarnos. En vista de que nosotros no podemos salvarnos, Ćl gratuitamente, nos ofrece salvación. Uno de mis himnos favoritos dice: ĀæQuiĆ©n me puede dar perdón? Sólo de JesĆŗs, la sangre. ĀæY un nuevo corazón? Sólo de JesĆŗs la sangre. Precioso es el raudal, que limpia todo mal, no hay otro manantial, sólo de JesĆŗs, la sangre. Para rematar este asunto, leamos lo que nos dice GĆ”latas 2:16, āsabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros tambiĆ©n hemos creĆdo en Jesucristo, para ser justificado por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie serĆ” justificadoā. Y ĀæquĆ© de aquellos quienes rinden servicio a Dios? ĀæSerĆ”n rechazados aĆŗn despuĆ©s de haber trabajado para el SeƱor? Tienes que comprender, otra vez, que el trabajo que uno hace no es lo que determina si uno se salva o no. Lo que determina si uno va al cielo o no, es el hecho de que si uno ha aceptado el regalo de Dios. En Mateo 7:22 y 23, JesĆŗs mismo dijo que āvendrĆan a Ćl algunos, quienes dirĆan: SeƱor, SeƱor, Āæno profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararĆ©: Nunca os conocĆ; apartaos de mĆ, hacedores de maldadā. ĀæVes? Ellos estaban haciendo buenas obras, pero no habĆan recibido a JesĆŗs, el regalo de Dios. No eran salvos, y eso es lo Ćŗnico que importa. TĆŗ necesitas recibir a JesĆŗs si no lo has hecho. Tus buenas obras, el ir a la iglesia, el dar limosnas y todo eso, no te va a salvar. Debes arrepentirte de tus pecados, e invitar a Cristo a entrar en tu corazón para ser tu Salvador. Si no le has recibido, ĀæPor quĆ© no lo haces ya? Ćl te salvarĆ”, si tan sólo quitas toda tu confianza de cualquier otra persona o cosa, y la depositas en Ćl. Vamos a orar. Padre, quĆ© bueno que la salvación no sea asunto de nuestras obras, pues, todos irĆamos al infierno. Gracias por tu bondad, por tu amor y por tu misericordia. Padre, te pido que ayudes a mi amigo, a que llegue a conocerte, si es que no te conoce ya. Te lo pido, en el nombre de JesĆŗs. AmĆ©n.
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