(Centro De Vida)
Scripture
Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; 26 Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; 27 Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí. Job 19:25-27 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Romanos 8:11 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 1Tesalonicenses 4:16
La esperanza de la inmortalidad es universal entre las religiones del mundo, pero la doctrina de la resurrección literal del cuerpo físico es única entre doctrinas cristianas. Nosotros creemos que la salvación provista por Cristo Jesús incluye al ser humano en su totalidad: espíritu, alma y cuerpo. La redención llevada a término en la cruz de Jesús incluye la redención del espíritu, alma y cuerpo. En un sentido, podríamos decir que nuestra salvación no está completa aún; nuestro espíritu inmortal ha sido salvado para siempre, la vida diaria está siendo salvada día por día, pero el cuerpo no se salvará sino hasta en el día en que Jesús regresa a la tierra y nuestros cuerpos físicos sean levantados de la tumba, reunidos con nuestro espíritu humano para vivir como una persona completa en la presencia de Dios. Consideremos en las siguientes verdades, enseñadas en las Sagradas Escrituras, en referencia a la resurrección de los santos de Dios: Las personas quienes se someten a Jesús como Señor y quienes confían en Él como Salvador. Habrá una resurrección de los muertos; la muerte no finaliza nuestra existencia. Moisés y Elías, quienes habían muerto por siglos, aparecieron con Jesús en el monte de transfiguración. El hombre rico en el infierno era consciente de su sufrimiento y capaz de acordar su situación en la tierra. Los santos que han muerto son llamados hijos de la resurrección por Jesús, porque se levantarán nuevamente. Aquéllos quienes gritan con temor, “Si se muere un hombre, ¿Podrá vivir otra vez?” Ahora pueden decir, conforme a Job 19:25-27 “Yo sé que mi Redentor vive, (...) Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí”. La promesa de Dios en cuanto a una resurrección venidera se repite una y otra vez. La resurrección de Jesús es ejemplo de lo que nos han asegurado a nosotros. Romanos 8:11 nos dice “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. La resurrección vendrá al fin de la era. Jesús se refirió a la resurrección de los santos viniendo en el día postrero. El apóstol Pablo fue un poco más específico pues dijo que nuestra resurrección vendría al regresar Cristo a la tierra. En 1 Tesalonicenses 4:16, Pablo escribe: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”. No todos los que creen en Cristo van a morir, algunos estarán vivos cuando Él regrese. Pero los santos muertos serán levantados y los santos vivos serán transformados y juntos nos levantaremos para encontrarnos con el Señor en el aire. Dios ha puesto esa anticipación en los corazones de aquéllos quienes creen. Nosotros creemos lo del Salmos 49:15, cuando el salmista escribió: “Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, Porque él me tomará consigo”. Nosotros testificamos lo de 1 Corintios 6:14, cuando nos dice: “Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder”. La resurrección producirá un nuevo cuerpo del viejo. Podemos leer del método en 1 Corintios 15:35-38, nuestro cuerpo viejo producirá un cuerpo nuevo de la misma manera en que un grano sembrado en la tierra produce nueva vida. En Juan 12:24, Jesús dice: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. El hecho de que no entendamos esto no significa que debemos rechazar este hecho. La Biblia dice: “Pero Dios le da al cuerpo como Él quiso”. Tenemos que involucrar a Dios en el asunto de la resurrección; Él la hizo, es obra de Él. El cuerpo resucitado será idéntico a nuestro cuerpo terrenal, con excepción de ser grandemente mejorado en belleza y poder. Será un cuerpo espiritual en vez del cuerpo natural que tenemos ahora; pero sí será un cuerpo. ¿Cómo será nuestro cuerpo resucitado? Es evidente que no será como el que tenemos actualmente. Toda enfermedad, dolor y muerte que afligen a nuestro cuerpo hoy, ya no existirá. El cuerpo que tenemos actualmente es corrupto, débil y natural; nuestro cuerpo resucitado será incorruptible, glorioso, poderoso y espiritual. 1 Corintios 15:49, dice: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. Nuestros cuerpos resucitados serán como el cuerpo de nuestro Señor. Filipenses 3:20 y 21 lo expresa de esta manera: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”. Eso significa que nos pareceremos a Jesús. Pero no todos nos miraremos igual; habrá distinciones entre nosotros, así como lo hay hoy. Así como una estrella se distingue de la otra, así nosotros seremos distintos también y, sin embargo, seremos parecidos a Jesús. El cuerpo natural es un cuerpo que se domina a sí mismo; el cuerpo espiritual es dominado y gobernado por el Espíritu. El cuerpo natural está sujetado a los límites de esta tierra; el cuerpo espiritual está lleno de los senderos sin límites del cielo. El cuerpo natural es lo que necesitamos para vivir aquí en la tierra; el cuerpo espiritual es lo que necesitaremos para vivir en el cielo. Dios nos ha dado cuerpos adaptados a la tierra y también nos dará cuerpos adaptados para el cielo en el futuro. De una manera ligera, hemos hablado de la doctrina cristiana de la resurrección. No debemos dudar, no debemos argumentar; simplemente necesitamos aceptar la verdad y gozarnos en ella. 1 Corintios 15:58 dice: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. Vamos a orar: Padre, al hablar de este tema hoy nos regocijamos en aquello que nos parece ser un sueño pero que aceptamos como la realidad, pues Tú lo has prometido, nuestra mente es tan limitada que ni siquiera podemos formar idea de cómo será nuestra vida en los cuerpos inmortales que Tú nos vas a dar. Padre, gracias te damos por amarnos de esta manera, gracias por cuidar de nosotros y por ser tan bondadoso, aun cuando nosotros somos tan insoportables. Te lo agradecemos con todo nuestro amor, en el nombre de Jesús. Amén.
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